Ha sido interesante leer sobre las peticiones de las diferentes instituciones frente al regreso a la presencialidad, partiendo de una premisa:  “los niños necesitan volver a la normalidad”  y me pregunto: ¿Qué niños? y ¿a qué normalidad?.

¿Por qué cuando hablamos de lo que necesitan los niños hablamos de ellos como si fueran un colectivo  con las mismas realidades y necesidades?  Creo que precisamente ahí ha estado fundamentado  el error de la educación en los últimos años; seguir implementando una educación donde todos deben ser expuestos a la misma información, con las mismas metodologías, esperando resultados evolutivos diferentes.

Frente a mi experiencia como mamá, psicóloga y asesora  educativa y líder de A-Prender,  el cambio en la educación no depende de importar un sistema internacional,  graduarse con diplomas europeos, ni revivir la propuesta de educadores que surgieron a  principios del siglo XX.  Tampoco depende de  invertir en tecnología  o  crear aulas interactivas, depende de entender las necesidades y motivaciones de cada niño para, desde ahí, tener alternativas que entiendan e involucren las diferencias.

» Es momento de mirar al interior de cada familia qué es lo mejor para cada niño,  permitir que otras opciones de educación emerjan, entender que educación no es sinónimo de colegio, y permitirnos hacer de este presente una posibilidad de un cambio significativo para la educación. «

Como adultos, resolvemos las necesidades de los niños  desde nuestros vacíos, ignorando que sus realidades pueden ser otras.  Dejando a un lado  un presente  cambiante que emerge en un mundo que no es el mismo que nos tocó a nosotros.  Partimos desde lo que necesitamos nosotros como adultos para sostener un sistema que día a día se desmorona porque está fundamentado en  bases que, a mi parecer,  están equivocadas: las expectativas de adultos que miran y evalúan desde  afuera de lo que un niño debe hacer, pensar y aprender. 

La educación será diferente cuando comencemos a escuchar la información que ya está en los niños, soltemos la necesidad de transmitir el conocimiento del que tanto nos jactamos y  comencemos a generar encuentros humanos.  Cuando,  en vez de “parquear” niños en colegios comencemos a motivarlos para asistir a encuentros en torno al aprendizaje  y  los docentes puedan soltar el afán por cumplir currículos anacrónicos para encontrarse con todo lo que cada niño trae para ofrecer y desde ahí acompañarlo a construirse.

Hace poco, con el equipo de A-prender, lideramos  el encuentro “Transformación educativa post covid”  para Skandia y Portafolio en el que compartimos con  líderes de proyectos educativos, en torno a la pregunta: ¿Qué hemos aprendido de la pandemia para incorporarlo  a la educación actual? La falta de profundidad de las instituciones educativas  fue el punto de encuentro frente a esta cuestión.

Percibo un gran afán de los modelos “de educación tradicional” por regresar a lo que traían  impidiéndose, ellos mismos,  aprender otras maneras de relacionarse con la enseñanza y, por ende, brindar nuevas opciones a los niños. Diferente a esto,  ha sido el proceso que vienen enfrentando y descubriendo  los niños, quienes han encontrado otras posibilidades por medio de otros modelos de enseñanza,  tales como la educación en casa,  la educación virtual, el aprendizaje autodidacta según intereses y la educación alternativa.

 Hoy en día, muchos niños han podido reconocer que el espacio que daba el colegio era un espacio valioso para su desarrollo, otros  han encontrado  innecesario el vínculo con  una institución educativa  para relacionarse con el aprendizaje. Algunos han entrado en depresión por sentir la soledad de sus casas y otros, han encontrado finalmente en sus hogares,  la seguridad de un mundo social agobiante lleno de exigencias por cumplir donde sentían que ya no encajaban. 

El presente nos ha permitido  descubrir otras formas de hacer las cosas, cuando nos damos el permiso de  aprender de éste,   el movimiento, la flexibilidad y el cambio aparecen.  Es momento de mirar al interior de cada familia qué es lo mejor para cada niño,  permitir que otras opciones de educación emerjan, entender que educación no es sinónimo de colegio, y permitirnos hacer de este presente una posibilidad de un cambio significativo para la educación. Que viva la voz de cada niño, su derecho a poder cuestionar el camino, la posibilidad de encontrar nuevas rutas,  porque ahí es donde logramos el cambio y la evolución, así que soltemos la lucha por insistir en volver a la “normalidad”, y permitámonos una apertura  a escuchar esa voz al interior de nuestros hogares comenzando a ser parte del transformación  necesaria para la educación.

Angelica García Martinez

Gerente A-Prender

gerencia@a-prender.com

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