Es posible otra manera. Por: Ana maría constain

Cuando sacamos a las niñas del sistema educativo formal, vinieron muchas dudas. Miedos. No me había dado cuanta hasta qué punto la idea del currículo sostenía tanto la crianza y la educación. El cómo aprenden , me lo había cuestionado. Y desde ahí tomamos decisiones frente a la metodología del colegio que elegimos. Pero el qué aprenden, ese, estaba dado. Quizá algunas cosas estorbaban, pero en la vida no todo es lo que a uno le gusta, me decía. Y hay que exponerse a diferentes conocimientos y experiencias para definir que es lo que uno quiere.

Hay que enfrentarse a retos, y dificultades, frustraciones y problemas sociales, hay que coger callo y aburrirse, aprender cosas diferentes para luego poder decidir. Hay que adaptarse a un mundo que tiene un funcionamiento. Aprender a jugar las reglas y luego, quizá decidir qué es lo que uno quiere.

Ideas. Creencias que se sienten como verdades tan absolutas que cualquier cuestionamiento es arrasado pronto por oleadas de argumentos que ahogan cualquier asomo de duda.

«Los niños y niñas por décadas nos han venido señalando el camino. Con sus síntomas, su fracaso escolar, su aburrimiento, su rebeldía, sus trastornos, y sus variadas disfunciones que insistimos en corregir. «

Vino la cuarentena. Y con ella la experiencia por encima de las ideas. Ver a las niñas florecer, aprender de otras maneras, desarrollar talentos que jamás sospeche que tenían. Encontrar sus propios ritmos, decidir qué quieren a partir de su guía interno, sentirse felices de no tener que cumplir con tantas obligaciones, tener tiempo disponible para cosas que nunca podían hacer. Verlas jugar. Reírse, descansar, interesarse por el mundo y la vida, por la casa y por su entorno, sentir curiosidad, hacer preguntas, leer por gusto propio, ir a su nuevo colegio con ganas, quedarse en casa con ganas también.

Soltar el currículo, fue soltar esa seguridad que da el que alguien decida lo que debíamos hacer. Que alguien definiera lo que es importante. Que alguien orientará el aprendizaje con la idea de que ellas no tienen ni idea de lo que necesitan porque son niñas y solo harán lo que les da placer inmediato. Constatar que eso no es verdad. Que en la libertad, aparece su sabiduría, su ser que las guía y las motiva. Sus intereses y sus talentos. Su posibilidad de gestionar sus cuerpos, sus emociones, sus impulsos. De saberse ellas, y de explorar, hacer ensayos, conocerse, investigar. Tener el espacio para saber quiénes son antes de que alguien lo haga por ellas. Antes de que alguien lo defina, lo evalúe y lo intente modelar hacia una meta ajena.

Pero no solo está eso. Superado el miedo de : no van a aprender nada, Pude ver que eso que aprenden en el plan curricular está obsoleto. Responde a un mundo que ya no existe. A una era que se está extinguiendo. En la era del internet, la educación cambió su propósito de informar. La socialización tiene nuevos matices, incluso el cerebro ha evolucionado. La economía, el trabajo, las relaciones, todo está cambiando, y el sistema escolar está pensado en un modelo socioeconómico que ya no está. Entonces el temor pasó a agradecimiento. ¡Qué fortuna que ya no estén aprendiendo eso! No solo en términos de contenidos, sino en términos de habilidades y programación cultural. Un niño de esta generación no tiene nada que hacer sentado 8 horas recibiendo pasivamente información (presencial o virtual).Las habilidades de competencia, de rendir exámenes, de memorizar información irrelevante, no les sirven para lo que viene. Dar más importancia al desarrollo cognitivo, a las habilidades de razonamiento lógico, análisis y procesos mentales ya no es necesario. El mundo es otro y es hora de que nos demos cuenta.

El arte, el cuerpo, la cooperación, la sensibilidad, la creatividad ya no son asuntos a tener en cuenta. Son indispensables en un mundo que va a extinguirse si seguimos en el modelo socioeconómico de competir, crecer, explotar, poseer y ganar. Los niños y niñas por décadas nos han venido señalando el camino. Con sus síntomas, su fracaso escolar, su aburrimiento, su rebeldía, sus trastornos, y sus variadas disfunciones que insistimos en corregir.

Ellos y ellas no se tienen que adaptar, nosotros somos los que tenemos que renunciar a nuestras verdades tan instaladas y abrir espacio a nuevas maneras. Muchos proyectos lo hacen de otras maneras y han descubierto que eso que creíamos indispensable, no lo es. Que eso que nos parecía inevitable, lo es. El bullying, la crueldad de los niños, el agotamiento, la pelea diaria con las tareas, la cantidad de terapias y tutorías, las peleas entre hermanos, la insistencia para que hagan caso, el esfuerzo diario para que aprendan, las remisiones, los problemas de salud, la cantidad de recursos invertidos en que funcionen las cosas y el agotamiento de papas, mamás, equipo docente y terapeutas, no es lo normal. No es lo que toca. No es la crianza y sus sacrificios.

Hay otras formas. Es posible otra manera. Hay un mundo nuevo que está gestándose y que requiere de nuestra valentía de dejar ir lo que nos ha dado tantas seguridades. De nuestra aceptación de que eso que creemos saber, quizá no es tan así. De nuestra apertura para ver y oír de nuevas maneras. Dejarnos sorprender. Confiar. Ellos y ellas nos están mostrando el camino.

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